jueves, 2 de abril de 2009

Denme un lugar en este mundo, por favor



Reproducimos el articulo completo de Augusto Álvarez Rodrich, que hoy en La República ha publicado... pensando en quiénes por su características muchos "expulsamos" por que no son "normales"....

Por Augusto Álvarez Rodrich alvarezrodrich@larepublica.com.pe

Autismo: más recursos y solidaridad, menos prejuicio.

No se conoce con precisión su causa pero sí que afecta a 67 millones de personas, y que pone a prueba –con mucha dureza– la energía de sus familiares con el fin de mejorar su calidad de vida a pesar del poco apoyo y de los prejuicios que la sociedad tiene con los que sufren de autismo, al punto que parece que les dijeran que, para ellos, no hay lugar en este mundo.

El autismo es un desorden en el desarrollo del cerebro que usualmente comienza antes de los tres años de edad, y que se manifiesta, con distintos grados de severidad, como un deterioro en la capacidad de comunicación e interacción social, produciendo un comportamiento restringido y repetitivo.

Con frecuencia, no existe cura para este trastorno, pero la sociedad en su conjunto puede movilizarse para actuar –si lo quisiera y se lo propusiera– con el fin de que la calidad de vida de las personas con autismo –que tienen derechos como todo ciudadano– sea mucho mejor de la que ahora se les ofrece.

Lo primero es erradicar los prejuicios inaceptables que existen en relación con las personas con autismo y que se suelen expresar a través del rechazo e intolerancia que aumentan a medida que crece la persona con el trastorno.

Somos una sociedad que expulsa al que no es “normal”. La solución no es que el autista viva encerrado y negándosele la posibilidad de ser, sino que –con las limitaciones que tiene– comparta la vida en los mismos espacios donde van todos.

Estos prejuicios se agravan por la creencia infundada de que el autismo es culpa de los padres, una hipótesis que ya ha sido descartada. Sin embargo, la continuación de esta creencia inhíbe e incluso avergüenza, injustificadamente, a los padres, lo cual afecta la posibilidad de ayudar al autista. Los padres no deben tener vergüenza ni esconder a sus hijos autistas.

Se requiere, por tanto, una campaña para promover la solidaridad y hoy 2 de abril, declarado por la ONU como día internacional del autismo, es una oportunidad para hacerlo.

También es indispensable que el Estado promueva políticas de inclusión para los autistas. Esto demanda la movilización de recursos para que reciban terapias especializadas que, por su costo, no todas las familias pueden pagar. Es un asunto que debe tener relevancia en la agenda de salud pública, la cual ahora no posee. El Congreso debe presionar para ello.

La mayor dificultad de los autistas es de comunicación. Por ello, todos debemos aunar esfuerzos para ser su voz, para defender sus derechos, para mejorar su calidad de vida, abriendo nuestros corazones para que ellos puedan ver el sol cada día, sin que sientan que, para el autista, no hay un lugar en este mundo.

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